On Està l’ACA? és un projecte que convida a observar, mimar i estimar els objectes artesanals que Pep Gimeno “Botifarra” ha anat recollint al llarg dels anys. Amb la voluntat d’implicar el públic en aquesta experiència, es proposa un joc d’investigació: descobrir on es troba l’HACA. El espectador haurà de emparellar cada frase i la seua càrrega amb la identitat de l’artista.
es un projecte comissariat per Chiara Carzan i Martíllopis.
I com comenta el artista i comissari Aureli Domenech: «Aquest joc no només posa en valor les eines tradicional, sinó que també convida a la reflexió sobre la seva vigència i transformació en el present, tot recuperant sabers i costums que corren el risc de quedar en l’oblit».
Amparo B. Wieden Angela Malysheva Aureli Domènech Bibiana de la Soledad Carlos M. Barragán Celia Marco David Vila Elia Torrecilla Graham Bell Tornado Inmaculada Abarca Jaume Chornet Macdiego Merche Pereira & NEA Pepe Romero Ramón Gómez de la Serna ( Assistit per Miguel Molina-Alarcón) Sara Vilar Tham Cassany
Aquest projecte, que ben bé podria esser una reflexió sobre el ready made, tractarà de interactuar amb els objectes artesanals que estàn per tot arreu al llarg i ample de la casa Cuesa i amb la idea de fer participar al públic que a la fi es qui reinterpretarà la resposta, si es que ha de haver-ne alguna.
Es crearà un recorregut on cada artista proposarà una peça o una idea que dialogue amb els aparells artesanals de la sala o jardí. Se procurarà mimar , curar, respectar, jugar amb els objectes de manera que , com si de un “ACERTIJO” es tractara, els espectadors han de trobar on està l’haca, en este cas , on està l’art? On està la obra? Obra que, en qualsevol cas, es confondrà entre la gran quantitat de peces que presenta la sala.
La idea es no crear més objectes que predominen sobre la artesania o la etnologia de la sala, sinó que les revaloritzen. Revaloritzar lo local en estos temps on lo global ens ha engolit.
Una vez más el Ayuntamiento de Alboraia, apuesta por el arte intergeneracional, donde lo emergente comparte espacio con el pretérito actual. Donde Chiara Carzan se alinea con Vicente Carrión para hablar de fotografía y arte.
La fotografía, al parecer, en el arte siempre queda relegada a un segundo plano. Y no es porque no tenga valor artístico, más bien es porque no se le añade el valor que se merece para darle justamente el status artístico. Son muchas las exposiciones, grandes exposiciones en lugares grandes que, por decisión del comisario las fotografías se presentan de manera, si se me permite la tautología, tan planas. Paseos aburridos perfectamente alineados y creados de manera matemática para guardar un orden academicista que nada aportan a su lectura. Sólo aptos para doctorandos y estudiosos del Diafragma , la Iso y la Velocidad.
Hoy quiero poner en alza no la fotografía, que también, sino la labor del comisario, en este caso comisaria, Chiara Carzan.
En la exposición Rememora, sito en la Casa Cultura José Peris Aragó de Alboraia vemos un ejemplo de cómo el arte y la fotografía se fusionan. En esta ocasión el fotógrafo Vicente Carrión nos presenta la Alboraia de los años 70, poniendo de relieve el año 1979, año donde se consolida la democracia en España y, por ende, los españoles pueden votar libremente. Vicente Carrión, recién llegado a Alboraia, queda impresionado por las instantáneas que la calle le ofrece y, de manera analógica, las captura en su cámara. Vicente Carrión, desde una mirada amateur, nos propone unas secuencias de altura y con la ayuda de Chiara Carzan, de auténtico profesional. Nos ofrece 5 temas de los muchos que él posee: Carrers, Platges, Infància, Galotxa y Festes.
Visto así seria un mero documental de las costumbres que en esos años en Alboraia se materializaban. Por cierto, a fecha actual, se perciben grandes cambios, otros usos y otras costumbres, con lo que, como documental, ya nos parece una exposición interesante. Pero la exposición va más allá, es, más bien, un largometraje, un largo viaje.
Chiara Carzan, comisaria, toma las fotografías como suyas y les da un empujón. Nos presenta las mismas como si de un mapa se tratara, de manera que al espectador le obliga a ir de un lugar a otro dentro de cada tema par hacer varios recorridos con un único fin, que se sienta parte del mismo, que sus vivencias se aúnen con las mismas, bien porque las ha vivido o porque sus padres, sus abuelos se las han contado: los mayores porque nos identificamos y los más jóvenes, porque materializamos aquello que nuestros mayores nos contaron. Una gozada.
Por otra parte en los trabajos de Chiara El Público es fundamental, siempre crea un espacio para que interactúen. Ella sabe que la obra de arte necesita que sea el espectador quien se implique y la termine.
La exposición Rememora consigue que el publico se pasee por la sala en un ir y venir comentando no sólo las fotografías, también las anécdotas.
Chiara no crea un recorrido explicito sino un laberinto de emociones para conseguir que todos los participantes formen parte de la obra y se fusionen con ella al igual que la fotografía se fusiona con el arte. Y por último, pero no por ello menos importante, les confiere volumen a las fotografías. Harto estoy de exposiciones planas y simétricas. Chiara crea ritmo y texturas en una disciplina donde parece ser esté predeterminada a lo plano y bidimensional. Agradecer la labor de conseguir crear un viaje, quizá un recorrido escultórico con tamaños y espesores disimiles que no hubiera sido posible sin la mirada asombrada del fotógrafo Vicente Carrión. La exposición, además, es imprescindible para quien quiera saber de fotografía, es didáctica, nadie que pretenda ser comisaria o comisario debería perdérsela.
Alboraia se ha convertido, gracias a la labor de Encarna Dolç, auspiciada por la regiduría de cultura y por el empeño del alcalde y su ayuntamiento, en un frente cultural emergente. Por ella han pasado multitud de jóvenes artistas y una gran parte del elenco docente de la Facultad de Bellas Artes de València, Altea y Teruel, al menos los que que a mí me constan.
A primeros del 2019, como
parte de las investigaciones llevadas a cabo en la Universidad Politécnica de Valencia a la que,
ya sea como profesores, investigadores o estudiantes, estábamos adscritos, se
nos llamó para ocupar una sala de exposiciones; no había premisas, no había
título y buscamos objetos en el fondo de nuestros sótanos para llenar las
paredes y algunos espacios que allí fuimos descubriendo. De todo ello, en 2020,
y (re)movidos por El Grito de Edward Munch salió nuestro propio grito: El
Grito. Fue empezar a gritar y las propuestas iban tomando cuerpo, los artistas
respondían colectivamente al reto que se les planteaba. Más tarde, en 2021,
nace, desde un impulso más romanticista, el Grito Sublime. Para el 2022 nos
hemos propuesto contar un cuento, El Grito Contado. Este grito nace de la
interacción entre maestros y aprendices, del intercambio de recuerdos,
historias, cuentos, que de boca en boca heredamos de nuestros antepasados.
Convencidas de que lo local
actúa en lo global, nos dimos cuenta de la lectura poliédrica que se estaba
llevando: y entonces, una historia se transformó en múltiples, diversas y
heterodoxas microhistorias, tras las cuales, subyacen muchos gritos.
Esas voces, son las que
queremos mostrar en esta exposición con el objetivo de pensar y contar mundos
posibles donde el intercambio de conocimiento y experiencias genere más y más
preguntas.
Resaltar en este proyecto
expositivo la idea de proyecto abierto, en estado de investigación y proceso,
cuyas piezas a desarrollar se adecuarán al espacio expositivo, y en las que las
lecturas llevadas a cabo se materializan en un conjunto de propuestas
plásticas, multidisciplinares que van desde la performance a la instalación,
tomando el espacio expositivo como un lienzo donde la individualidad del
artista se fusione al colectivo. Asimismo, cada artista, aportará al grupo su
propio grito, su llamada de atención hacia aquello que por descuido o por
desorden hemos abandonado a su suerte y que tal vez debamos recuperar: el
cuidado, el nosotrxs, nuestro entorno, lo que somos…, para de este modo,
compartir con el público preguntas que en definitiva solo él, el/la
espectador/participante, sabrá responder y tal vez gritar.
Y así y no de otra manera, se materializa lo
que sería la primera frase de este cuento, y que dice así: “Érase una vez”… El
Grito Contado
En el proyecto El Grito Contado trabajamos con los conceptos: colectivo; local; investigación; medio ambiente; intergeneracional; Work in progres
Es un proyecto «contado» y redactado por el grupo de wasap «Conta’m un conte» y en especial por los comisarios Bibiana de la Soledad, Pepe Romero, Martíllopis, y la des-comisaria Elia Torrecilla desde la más profundad invisibilidad.
fotografía de Vicente Carrión
Fotografía de portada por Tham casany. Diseño del título por Arce:
En el proyecto La otra cara, una alternativa visual ese ha partido de los textos de algunos teóricos como Marina Garcés y M:A: Hernández Navarro , y apropiándonos de su análisis de la sociedad y en conceptos como la visibilidad, o la precariedad hemos desarrollado un camino por donde comenzar a rastrear el arte.
Es ésta sociedad postmoderna la que nos empuja a una precariedad, que asumimos con cierto entusiasmo, y que soportamos compartiendo miles de fotos por las redes que nos permiten configurar un perfil sonriente, entusiasta, basado en los datos, en los likes, y en su cuantificación.
Ante la inminente necesidad de mostrar nuestro perfil con miles de fotos instantáneas elegimos el juego de esconder lo visible como otra posibilidad de mostrar el trabajo artístico.
Pretendemos crear en el espectador dudas, quizá frustraciones, para que de alguna manera rasque la realidad que ve y vaya a la parte trasera para observar lo que los ojos no pueden apreciar. Del mismo modo poner en pequeñas trabas a la institución, al no mostrar en sus salas lo que se espera sino la otra cara.En definitiva queremos mostrar de forma precaria otra mirada del objeto artístico.
Escondemos el trabajo artístico para observar más allá de la pintura
La relación con la artista Irene Covaleda fue una casualidad, provocada por las ganas de hacer cosas y un cierto contagio por escalar montañas.
Hablando por hablar comentamos la psosibilidad de exponer en BÉTERA, ella, sin pensarlo, aceptó y nos habló de su proyecto, el proyecto «ANTES DE AYER».
Pero ella no conocía la sala, no sabia que se iba a encontrar con esta
maravillosa sala DE ANTES DE AYER.
Un espacio que en sí mismo nos introducía en tema:
Un espacio reciclado, un nuevo espacio creado, inventado, un espacio
que nos cuenta UN VIAJE.
Al igual que su obra, este espacio es una especie de sobre, al que le hubiésemos PEGADO UNOS SELLOS y nos hubiera
llegado a casa para CONTARNOS SUS HISTORIAS.
Esta sala nos permite, SIN RENUNCIAR al PASADO, crear obra de hoy,
obra contemporánea, post-contemporánea, realzando el camino hasta llegar ahí, AL
FUTURO.
Porque el pasado, Irene Covaleda, no lo toma desde la NOSTALGIA, sino como TRAMPOLÍN
para alcanzar otras metas.
SU OBRA ES UN trayecto , un recorrido, desde el verde propio de SU TERUEL natal, hasta la IDENTIDAD DEL BLANCO, un blanco lleno de matices y riquezas, de texturas, explorando otros límites, reflejos de su personalidad.
Cuando aceptó que fueramos su comisario, pusimos una condición, que si bien era su exposición, tenia que dejar un espacio a lo colectivo y ella, desde su generosidad, lo asumió como propio.
Por eso en esta sala como preámbulo hay artistas emergentes como: Arze, Delacage, Chiara Carzan, Anna Lombardo.
Artistas consolidados como, Alejandro mañas y Cristian Gil.
Artistas fuera del ámbito de
bbaa… son los grandes conquistadores, son los eternos amateurs. Como:
Pepe Gimeno, Vicent Salvador y Paco Alcantud.
Cada uno de ellos ha hecho su propia lectura el proyecto antes de
ayer.
Paco Alcantud nos ha traído UN PUENTE que nos une las experiencias
vividas con un futuro imaginario, quizás extraño, pero siempre aventurero. Un
puente que conecta los límites opuestos, que nos permite alcanzar la otra
orilla.
Vicent SAlvador nos trae las palabras de un poeta, Josep Mº Ribelles, un poeta que ya falleció pero que nos trasmite LA VIDA A LA QUE LA MUERTE esta atada. Como sus fotos, que nos muestra lo que ha sido, lo que en ese espació y en ese tiempo pasó y que ya no está.
Cristian Gil, desde el dolor, de la angustia y EL SUFRIMIENTO provocado por el fallecimiento de un ser querido, encuentra la fuerza, el motivo para crear, pues la creatividad, lejos de la razón, expresa los sentimientos, nos abre otros caminos, OTRAS LECTURAS,
Otras LECTURAS, como la de LOS DOCE APÓSTOLES, de Delacage & Arze, que sufrieron la ignominia, la infamia, el destierro, eran tratados como delincuentes y de esta manera se refleja en estos 12 PLATOS, ASUSTADOS, esperando que la luz no desaparezca, pues se han quedado solos.
Y desde LA SOLEDAD de SAN IGNACIO de Loyola, Alejandro Mañas, nos invita , con la mano en el pecho, a luchar contra esa vida fácil, cómoda, terrenal, y a buscar la felicidad fuera de este mundo de placeres, y reemplazarlos por un futuro en el más allá, lejos de las calles, de las ALCANTARILLAS.
A través de estas, desde LA REJILLA,
otra artista, Chiara Carzan, nos invita a observar , ese pasado, quizá
un pasado para olvidar, pero muchas de las veces, ese pasado que hemos echado
por la borda sin a penas saborearlo.
Como cuando escuchamos una canción de PAVAROTI al que hemos pasado de amarlo a odiarlo, o al menos eso parece decir la artista Anna Lombardo, porque su música nos trae ALGUNOS recuerdos que queremos renegar, tachar, borrar, y que somos incapaces de destruir, pues al fin y al cabo, esos recuerdos de ANTES DE AYER son nuestros, son la clave de nuestra personalidad. Nuestra identidad
Por último, si observamos el cartel, una quimera del diseñador y artista Pepe Gimeno, podemos pensar que la exposición nos va a hablar del arte rupestre, de las cavernas, al primitivismo, quizá como reflejo de una sociedad solitaria, violentada por las malas praxis consumistas que han abandonado la naturaleza y nos devuelven a un estado salvaje.